Conferencia dada por Manuel Morata sobre la práctica.

En la actualidad, la sadhana o práctica de Yoga se ha ido generalizando, haciéndose popular y siendo aconsejada por un gran número de profesionales de la salud. Sin embargo, aunque a nivel terapéutico se obtiene un aceptable beneficio, la transformación real en la conciencia del hombre no se aprecia suficientemente.

Quizás el error reside en la forma de practicar la sadhana, el tomar un poco de esto y un poco de aquello, sin una buena dirección, de no diagnosticar correctamente o en caso de hacerlo, no aplicar una práctica adecuada. Hay que tratar de superar este acercamiento que suele ser sólo superficial, estudiando y experimentando en profundidad las prácticas, y por otra parte hay que tener en cuenta que la sadhana no debe elegirse en base a un deseo personal sino en base al crecimiento y evolución espiritual.

Para un cambio real hay que llegar a las fibras sensibles del ser, no basta con un trabajo insubstancial o aparente, hay que transmutar, por medio de las prácticas adecuadas, las estructuras de la mente, equilibrándolas, ordenándolas y descubriendo y potenciando una serie de valores que permitan redimirla de su ciega esclavitud actual (esclavitud al poder, al deseo, a la posesión...) que en realidad son la causa de los más diversos complejos relacionados con el no Ser. La falta en el individuo de su desarrollo interior, de su dimensión espiritual, que el Yoga descubre y que describe, tras un estudio profundo del modelo de creación, de su manifestación , de su causa y efecto, esta carencia o vacío trae consigo un temor que provoca todos los conflictos que a su vez la persona trata de justificar, autojustificación en una inútil e ilusoria reafirmación del ego.

A su vez ese temor, ese miedo atroz, suscita una sobrevaloración ficticia, engrasando el ego, no purificándolo como debería ser el objetivo de la práctica y el ejemplo de vida, viéndose así alejado de la unidad que aporta la paz de corazón, ser uno con el entorno y consigo mismo.

A partir de esta sobrevaloración ficticia, desgraciadamente todo es posible, todas las reacciones más mezquinas y ruines van a tratar de llevarse a cabo, para hacer prevalecer una posición equivocada, que aleja al hombre cada vez más de su parte esencial, dificultando e impidiendo su transformación.

Expuesto así lo que generalmente sucede, en mayor o menor grado, ¿Qué hacer? ¿Cuál es la solución para llegar a una transformación real?
Naturalmente, será necesaria la sadhana, pero enfocándola bajo dos vertientes :

1º Una sadhana interna, práctica individual, diferentes ejercicios aplicados a la propia personalidad, purificando así todo el sistema psicofísico.

2º Una sadhana externa, permanente, continuación de la anterior, de constante presencia, de relación con el entorno, de acciones conscientes y reflexivas.

Por una parte, la sadhana individual irá aumentando el nivel de energía y vitalidad, y reduciendo el caos emotivo y otras impresiones síquicas, que en realidad son frenos u obstáculos en la evolución. Todo este almacenaje saludable va a posibilitar la presencia y autoobservación constantes donde puedan fructificar actitudes y acciones correctas.

A partir de esta observación, con la fuerza obtenida por medio de la sadhana individual, será posible, aunque no fácil, el verdadero cambio, el control y superación de los factores perniciosos que al principio tratarán de persistir, empujados por un ego que no querrá dejar de ser el centro (centro que está usurpando a la esencia).

Este hacer, consciente y constante en lo posible, con un mayor o menor éxito, es el campo de batalla, campo de las experiencias evolutivas, como el Tantra (fuente del Yoga) nos dice: "Nada es pecado sino experiencias necesarias para la evolución personal", donde debe tener lugar el cambio, la transformación, bajo una vigilancia progresiva del testigo interior, que irá despertando a medida que la personalidad, el ser ficticio, vaya disminuyendo. Este será el paso de la personalidad a la espiritualidad o desarrollo de la vida interior.

Si la Sadhana no se comprende desde estas dos vertientes y no se trabajan complementariamente, no tendrá éxito. Hay practicantes que llevan muchos años trabajando pero que no cambian en lo esencial. Podrán obtener ciertos efectos saludables, ciertos cambios superficiales, podrán percibir instantes fugaces de vida interior, pero en definitiva seguirán subsistiendo en un estado confuso, nebuloso en une estado dividido, de desunión interior.

La primera proposición que el hombre debería hacerse al levantarse, tendría que ser, jugar a ser él mismo, e intentarlo, obtener un máximo de puntos y considerar este juego como permanente. Ser el mejor en esta apacible aunque intensa actividad, cuyos útiles son la presencia y la acción reflexiva (la acción conlleva una reflexión, no así la reacción, que implica emoción).

Esta forma de meditación activa, continuada, es de vital importancia en ese verdadero y deseado cambio, por ello esta segunda vertiente de la sadhana es necesaria e indispensable. Luego la práctica no finaliza al salir de la sala de yoga sino que entonces comienza.