| En
la actualidad, la sadhana o práctica de Yoga
se ha ido generalizando, haciéndose popular y
siendo aconsejada por un gran número de profesionales
de la salud. Sin embargo, aunque a nivel terapéutico
se obtiene un aceptable beneficio, la transformación
real en la conciencia del hombre no se aprecia suficientemente.
Quizás el error reside en la forma de practicar
la sadhana, el tomar un poco de esto y un poco de aquello,
sin una buena dirección, de no diagnosticar correctamente
o en caso de hacerlo, no aplicar una práctica
adecuada. Hay que tratar de superar este acercamiento
que suele ser sólo superficial, estudiando y
experimentando en profundidad las prácticas,
y por otra parte hay que tener en cuenta que la sadhana
no debe elegirse en base a un deseo personal sino en
base al crecimiento y evolución espiritual.
Para un cambio real hay que llegar a las fibras sensibles
del ser, no basta con un trabajo insubstancial o aparente,
hay que transmutar, por medio de las prácticas
adecuadas, las estructuras de la mente, equilibrándolas,
ordenándolas y descubriendo y potenciando una
serie de valores que permitan redimirla de su ciega
esclavitud actual (esclavitud al poder, al deseo, a
la posesión...) que en realidad son la causa
de los más diversos complejos relacionados con
el no Ser. La falta en el individuo de su desarrollo
interior, de su dimensión espiritual, que el
Yoga descubre y que describe, tras un estudio profundo
del modelo de creación, de su manifestación
, de su causa y efecto, esta carencia o vacío
trae consigo un temor que provoca todos los conflictos
que a su vez la persona trata de justificar, autojustificación
en una inútil e ilusoria reafirmación
del ego.
A su vez ese temor, ese miedo atroz, suscita una sobrevaloración
ficticia, engrasando el ego, no purificándolo
como debería ser el objetivo de la práctica
y el ejemplo de vida, viéndose así alejado
de la unidad que aporta la paz de corazón, ser
uno con el entorno y consigo mismo.
A partir de esta sobrevaloración ficticia, desgraciadamente
todo es posible, todas las reacciones más mezquinas
y ruines van a tratar de llevarse a cabo, para hacer
prevalecer una posición equivocada, que aleja
al hombre cada vez más de su parte esencial,
dificultando e impidiendo su transformación.
Expuesto así lo que generalmente sucede, en mayor
o menor grado, ¿Qué
hacer? ¿Cuál es la solución para
llegar a una transformación real?
Naturalmente, será necesaria la sadhana, pero
enfocándola bajo dos vertientes :
1º Una sadhana interna,
práctica individual, diferentes ejercicios aplicados
a la propia personalidad, purificando así todo
el sistema psicofísico.
2º Una sadhana externa,
permanente, continuación de la anterior, de constante
presencia, de relación con el entorno, de acciones
conscientes y reflexivas.
Por una parte, la sadhana individual irá aumentando
el nivel de energía y vitalidad, y reduciendo
el caos emotivo y otras impresiones síquicas,
que en realidad son frenos u obstáculos en la
evolución. Todo este almacenaje saludable va
a posibilitar la presencia y autoobservación
constantes donde puedan fructificar actitudes y acciones
correctas.
A partir de esta observación, con la fuerza obtenida
por medio de la sadhana individual, será posible,
aunque no fácil, el verdadero cambio, el control
y superación de los factores perniciosos que
al principio tratarán de persistir, empujados
por un ego que no querrá dejar de ser el centro
(centro que está usurpando a la esencia).
Este hacer, consciente y constante en lo posible, con
un mayor o menor éxito, es el campo de batalla,
campo de las experiencias evolutivas, como el Tantra
(fuente del Yoga) nos dice: "Nada es pecado sino
experiencias necesarias para la evolución personal",
donde debe tener lugar el cambio, la transformación,
bajo una vigilancia progresiva del testigo interior,
que irá despertando a medida que la personalidad,
el ser ficticio, vaya disminuyendo. Este será
el paso de la personalidad a la espiritualidad o desarrollo
de la vida interior.
Si la Sadhana no se comprende desde estas dos vertientes
y no se trabajan complementariamente, no tendrá
éxito. Hay practicantes que llevan muchos años
trabajando pero que no cambian en lo esencial. Podrán
obtener ciertos efectos saludables, ciertos cambios
superficiales, podrán percibir instantes fugaces
de vida interior, pero en definitiva seguirán
subsistiendo en un estado confuso, nebuloso en une estado
dividido, de desunión interior.
La primera proposición que el hombre debería
hacerse al levantarse, tendría que ser, jugar
a ser él mismo, e intentarlo, obtener un máximo
de puntos y considerar este juego como permanente. Ser
el mejor en esta apacible aunque intensa actividad,
cuyos útiles son la presencia y la acción
reflexiva (la acción conlleva una reflexión,
no así la reacción, que implica emoción).
Esta forma de meditación activa, continuada,
es de vital importancia en ese verdadero y deseado cambio,
por ello esta segunda vertiente de la sadhana es necesaria
e indispensable. Luego la práctica no finaliza
al salir de la sala de yoga sino que entonces comienza. |